miércoles, 18 de agosto de 2010

Paul McCartney está muerto y su reemplazante pudo haber sido Quico

[La imagen que lo prueba. Izquierda: «Paul McCartney» (sí, claro); derecha: «Carlos Villagrán» (yeah, sure…)]

No se trata de una asociación al azar. Los mensajes subliminales encontrados en diversas canciones de los Beatles nos hablaban de la muerte de Sir McCartney, hace mucho tiempo. Las referencias a este hecho son numerosas [http://es.wikipedia.org/wiki/Paul_está_muerto], [http://www.paulisdead.es/]. Pero no le crean a lo del policía de Canadá, que nuestras pruebas para demostrar que en realidad fueron los Taferío son más confiables.

Después de todas estas indagaciones trascendentales, encontramos obligatoria la pregunta «¿Quién reemplazó a Paul?». No hay que ser Grigory Perelman para saber que los famosos —en su gran mayoría— tienen dobles.

La fama de Carlos Villagrán estaba anticipada gracias a Paul McCartney. Cuando la muerte de Paul se dio, los otros tres «beats» supieron inmediatamente que les costaría la fama y la vida como banda. George Martin tuvo entonces la idea de reclutar a un reemplazante de Paul. «No es chistoso —dijeron—, cualquiera puede tocar el bajo, pero no todos son Paul. Su nombre y su cara son parte de los Beatles». «Pero no me refiero a un reemplazante de Paul, me refiero a otro Paul», respondió Martin.

Buscando alrededor del mundo, dieron con los sosias en un pueblo Vasco: los hermanos Taferío. Viendo que su suerte no podría ser mejor (porque podían escoger al mejor de los dos), los llevaron a la isla y los sometieron a muchas pruebas. Les prometieron que ambos obtendrían fama de distintas maneras, que ninguno de los dos quedaría en el olvido. La elección fue simple: uno se mostraba dispuesto a aprender mientras el otro se engreía y se dedicaba a inflar los carrillos. Usaron al primero como reemplazante de Paul y al segundo lo hicieron vivir en una granja de York hasta que supieran qué hacer con él.

El primero aprendió el idioma, los modales ingleses y la movida musical rápidamente, e incluso comenzó a componer sus propias canciones. Era talentosísimo. Como ya no querían mantener al gemelo, lo mandaron a Sudamérica (por su inclinación natural al español), a una audición para un papel en el programa de televisión de un conocidísimo comediante: Chespirito. Cambió de nombre a Carlos Villagrán, le inventaron una biografía y Roberto Gómez Bolaños quedó encantado con su actuación de niño engreído.

Es por eso que al que ahora vemos en la carpa del Circo de Quico pudo haber sido Paul McCartney. Quién sabe si en vez de «Live and Let Die» hubiésemos terminado escuchando algo parecido a la «Churin churín fun flai» o "La culebrítica" de manos del «inglés».